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Para todos aquellos que les guste escribir todo tipo de historias con todo tipo de contenidos, éste es su lugar: Dark Business.

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Bienvenidos a Dark Business

Bienvenidos a Dark Business, un blog donde podréis encontrar fanfics variados de autores diferentes.

Espero que os gusten, de verdad...

Es IMPORTANTE leer las presentaciones de los autores para saber, más o menos, su método de trabajo.

Para dudas y sugerencias que no entren en el tag (asi como peticiones para unirse al blog) mandad un email aquí: KeiraLogan@gmail.com

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Pausa general

Llevo bastante tiempo pensando, negando lo evidente, pero creo que es una gran estupidez seguir negándolo. Abrí este blog con el fin de pasar el rato, de postear mis fanfics, y después para darle una oportunidad de publicar a otros autores. Pero llevo ya mucho tiempo dejando todo esto de lado, y la mayor parte de los demás autores (por no decir todos) pasan absolutamente de este blog. Así que no me queda más remedio que hacer lo siguiente:

Este blog queda parado. No se volverá a publicar absolutamente nada (al menos mío) en una temporada.

Disculpad las molestias.

Kyara.

P.D: quizás acabe dejando este blog solo para mis publicaciones y para nadie más.

martes, 25 de septiembre de 2012

No más dolor - Capítulo 4


Capítulo 4

Todo estaba muy oscuro. Las luces de la calle eran mi único punto de visibilidad. Caminaba dando tumbos de un lado para otro, y un ligero dolor de cabeza era mi acompañante. Notaba como la mirada de alguien se clavada en mi cuello pero, al girarme no había nadie allí. Seguí caminando sin saber bien hacia donde iba, hasta que al fondo pude distinguir unas formas humanas. Me acerqué a ellos para preguntarles si sabían donde estaba, que estaba perdido y que necesitaba ayuda. Pero cada vez que daba un paso hacia delante, aparecían a mí alrededor más y más siluetas, de diferentes tamaños y formas, y un olor intenso a azufre me estaba empezando a marear. Todas las miradas se dirigían hacia mí, y notaba la duda y la intriga en ellas. Y cuando por fin empieza a disiparse mi ceguera, frente a mí, una silueta conocida: Elízabeth. Me acerqué tanto como pude a ella, ya que las siluetas que había visto con anterioridad, tornaban a formas de diablillos, y de hombres alados que se abalanzaban sobre mí intentando agarrarme.

-¡Elízabeth! –alcé la voz una vez llegué hasta donde ella, posando mi mano sobre su hombro-. Eli, ¿donde estamos? ¿Qué es este sitio?

Al darse la vuelta pude reconocerla, pero había algo en su rostro que no era normal. Unos ojos de iris blancos, con el borde en un rojo sangre. Se giró y me miró con algo de desagrado. Creo que no le gustó que le llamase por ese nombre. Aunque cuando me miró bien, su rostro cambió de una expresión de desprecio, a un miedo espectral.  Retrocedió un par de pasos mientras me miraba de arriba abajo. Notaba algo de desconcierto en su mirada, como si no creyese que estaba ahí.

-Shil... –tartamudeó palideciendo- ¿qué haces tu por aquí? ¿Tú no estabas... muerto?
-¿Muerto? –la miré extrañado-. Pero... si me viste hace un rato en el hospital...
-¿Yo? –se auto señaló- Eso es impo... –se paró unos instantes-. Ah, ya entiendo... mi cárcel fue la que te vio...
-¿Tu... cárcel? –ese comentario me dejó desconcertado- No te entiendo...
-Nada guapo, pronto lo entenderás... solo te puedo decir una cosa... Aléjate del rubiales de Gabriel, no es bueno para tu “otro yo” que te esté rondando, y si algún día logra volver y se entera de eso, te matará a ti primero y luego ira a por su blanco culo.
-¿Mi otro yo? –sacudí la cabeza y eché otro vistazo a mi alrededor, volviendo a clavar mis ojos en los suyos- Elízabeth Jones, no estoy para bromas... por favor, dime donde estamos... ¿y quién es toda esta gente?
-No te preocupes por ellos, son solo escoria... –se acercó con un andar sensual a mi y me acarició los labios con su dedo índice-. Tú vuelve a tu habitación y déjate de viajes, por lo menos hasta que estés recuperado del todo, ¿vale? –me sonrió ya con una sonrisa de oreja a oreja y me dio un suave beso en los labios.

Me resultó algo extraño aquel “beso”. Mi cuerpo se quedó paralizado ante él, solo pude cerrar los ojos, y cuando los volví a abrir estaba de vuelta en la cama del hospital,  con el ruido de las máquinas de fondo y la respiración de Angie se oía como un susurro.

-¿Pero que demonios?

Me incorporé en la cama, mirando bien a mí alrededor. ¿Fue todo un sueño?  No me lo creía, aunque las palabras de la que supuestamente era Eli mencionaban algo de un viaje. ¿A que se referiría? ¿Ya estaba tan loco que no distinguía la realidad de los sueños? Era todo tan real. Y un intenso olor a azufre inundaba aquel lugar, eso era lo único que me daba la pista de que aquello era solo un sueño. ¿Cómo va a existir algún sitio que huela a azufre? Exceptuando la cima de los volcanes y lugares similares. Me paré a analizar aquello, ya que me había desvelado.

-¿Cómo podría interpretarse ese sueño? –me quedé pensativo, sentado en la cama, cruzado de brazos-. Un viaje... Gabriel... Azufre... Que cosa más rara...

Solo era un sueño, ¿no? No se porque le daba tantas vueltas a aquello. Solo había una cosa que me dejó con algo de inseguridad, y era que alguno de los arañazos que me habían hecho, realmente los tenía en los brazos, y alguno que otro en el torso. Y era demasiada coincidencia, porque no recordaba habérmelos hecho con anterioridad. Me volví a alongar hacia la cama de Angie, para ver si por casualidad estaba despierta o realmente dormía. Y efectivamente estaba durmiendo, ya que la estuve llamando pero no respondía. Me volví a tumbar en la cama, pensativo, dándole vueltas aún al sueño. ¿Por qué le daba tantas vueltas al tema? Era solamente un sueño, raro, pero era solo un maldito sueño.

Pasaban las horas en aquella silenciosa habitación y ya había perdido el sueño. Me había desvelado. Miraba una y otra vez por la ventana de la puerta, esperando a que pasase algo interesante que me distrajese, pero no pasaba nada. En un instante, un gran escalofrío me recorrió toda la espalda y vi pasar por dicha ventana, una sombra de un lado para otro.  No llegué a distinguir forma alguna, pero la silueta que se vio parecía la de una persona. Me incorporé otra vez, rápidamente, esperando a ver si por casualidad volvía a ver a aquella figura. Y esta no se demoró en volver a pasar, pero esta vez en dirección contraria. Entonces pude ver bien lo que era. Pude ver un haz de color dorado y, fijando la vista unos segundos, pude verificar que se trataba de una persona. Me levanté de la cama con cuidado de no tensar mucho los cables de la máquina de pulsaciones, acercándome lo máximo posible a la puerta. Y cuando al fin estoy a punto de conseguir tocar el pomo de la puerta, aparece el rostro de uno de los médicos por la ventanita de la puerta. El susto mío fue tal, que me quedé paralizado en el sitio, en una postura un tanto rara, como si fuese la del Discóbolo de Mirón pero con algunos cambios: el brazo del “Disco” esta en la misma posición, pero con todos los cables tensos  y el otro brazo extendido hacia delante, intentando coger el pomo de la puerta.

-¿Se puede saber que está usted haciendo? –preguntó el médico entrando en la habitación-. ¿No ve usted que se puede hacer daño? –se acercó a mí ayudándome a incorporarme y a regresar a la cama, obligándome a acostarme.
-Es que soy sonámbulo... –fue la primera respuesta que me vino a la cabeza.
-Sí, ya. Y yo no soy licenciado en medicina. Venga, acuéstese y duérmase –me tapó con las blancas sábanas y me tomó la temperatura-. Está usted ardiendo, ¿le duele la cabeza?
-No –aparté bruscamente la mano de aquel tipo inmediatamente de mi cara.
-¿Y que coño es ese olor? –olfateó levemente por la zona de la cama-. ¿Azufre? –me miró fijamente a los ojos-. ¿Ha estado fumando algo?
-¿Cómo coño voy a fumar azufre, doctor? Ahora si que dudo que sea licenciado en medicina y tenga diploma de honor en idiotismo –le dije con un tono sarcástico, apartando la mirada de la suya, mirando hacia la cama de Angie.
-Un guasón, ¿eh? Bueno. Que no le vuelva a ver levantado de la cama, ¿estamos? –me señaló con el dedo con un cierto tono amenazador-. Voy a abrirle la ventana un rato, para que se ventile esta habitación, que el olor a azufre marea.

                Tras decir esto, el hombre de bata se acercó a la ventana y la abrió mínimamente, para que se ventilara la habitación y no nos asfixiáramos con el azufre. Menudo zumbado, ¿cómo cojones me voy a fumar azufre? Nadie en su sano juicio fumaría esa mierda...

-Un segundo, idiota –llamé al médico antes de que saliese de la habitación-. ¿De donde sale el azufre?
-¿El azufre? –se quedó pensativo unos segundos y luego respondió-. De los volcanes creo. Cuando un volcán entra en erupción dicen que hay un fuerte olor a azufre. También he oído eso de que el azufre es el olor del infierno –rió tras este comentario-. Pero eso ya son mitos paganos.
-El infierno... –asentí con la cabeza, volviendo a analizar el “sueño” que había tenido.

                Aquel tipo salió por la puerta con una pequeña risa en los labios. Yo me quedé dándole vueltas otra vez al supuesto sueño. Allí también notaba un olor fuerte a azufre, pero era demasiada coincidencia, además de una completa estupidez, el que el olor del sueño se hubiese materializado. Los sueños, sueños son, ¿no? Pero aun así me dejó mosqueado el tema del jodido azufre. Empecé a enlazar las cosas: Un viaje, el infierno y azufre. Si juntas todo eso, ¿qué te sale?

-Se llama viaje astral.

                Aquel comentario me sacó de mis pensamientos.

-Es algo que muy pocos pueden hacer.

                Me reincorporé en la cama, otra vez, y vi que Angie estaba de pie al lado de mi cama, mirándome acongojada.

-¿Qué haces levantada?  -eché un rápido vistazo a su cama y vi un cuerpo tumbado en ella-. ¿Pero que coño?
-Tranquilo, es una copia mía.
-¿Una copia? Ahora si que estoy chalado... Esto es otro puto sueño chungo de esos... –volví a clavar mis ojos en los de la pequeña rubia-. Tú no eres real, eres solo un sueño...
-No Jack, soy real –me cogió de la mano y la puso sobre su pecho, haciéndome notar el pulso de su corazón-. Soy tan real como tú, y no. Esto no es un sueño –sonrió tierna-.
-Los cojones... –me solté rápidamente la mano y la apreté contra mi pecho-. ¿Cómo me explicas entonces que halla una tipa igual que tú en la cama de al lado? –me temblaba la voz, aunque no sabía bien el por que, si aquello era nada mas que un sueño.
-¿Todavía no te has dado cuenta, Jack? Las monjas, mi hermano, Gabriel... ¿De verdad que todavía no lo sabes?
-¿Saber el qué? ¿Qué es lo que tengo que saber?
-Soy un ángel, Jack.
-Sí, claro... y yo soy Thor, el dios del trueno, lo que pasa es que estoy de vacaciones en la tierra y he perdido mis poderes por culpa de la morfina...
-Jack, no estoy bromeando. Que pasa, ¿no me crees?
-Angie, ¿como voy a creerte? Los ángeles solo existen en la biblia, y eso es un cuento chino, no es más que una hartada de mentiras escritas por unos zumbados hace siglos. Y no sé que es peor, si que aquella gente hallan dicho que existían o que hasta hoy en día, halla gente que todavía les crea. Además, si fueses un ángel, tendrías alas, ¿no crees? –le señalé la espalda.
-¿Quieres ver mis alas? ¿Con eso te convenceré de que los ángeles existen?
-Ya sé que Los Ángeles existen, me gustaría visitar alguna vez esa ciudad. Y no, eso no ayudaría a que te creyese. Podría ser otro sueño como el anterior.
-Lo anterior no fue un sueño, Jack. Fue un viaje astral. Y todo lo que hallas podido ver allí, es tan real como el aire que respiras.
-Bien, bien, bien... –repetí esta palabra hasta intentar serenarme un poco, ya que la situación se estaba descontrolando-. Vamos por partes, ¿quieres? Primero...  –respiré hondo-, explícame bien que es eso del viaje astral.
-Un viaje astral es cuando el alma sale del cuerpo y va a cualquier parte del universo, es decir, sales de ti mismo y ves y haces lo que mas te guste.
-Es decir –aguanté la risa-, que es cuando mi alma se va de excursión, ¿no?
-Sí, bueno, si lo entiendes mejor así... es cuando tu alma  se va de excursión.  En un viaje puedes llegar a volar, ya que ahora eres un espíritu. La esencia de un cuerpo.
-Vale... bien, hasta ahí todo bien. Pregunta: ¿se puede ir al cielo o al infierno en un viaje astral, o hay limitaciones? –pregunté con un ligero tono burlón.
-Sí, se puede. De echo, por el olor que has dejado en la habitación a azufre, diría que has estado en el infierno –estaba convencida de lo que decía.
-Bien. Entonces he estado en el infierno... ¿Quién era la chica con la que hablé? Porque era idéntica a mi amiga Elizabeth.
-Descríbela.
-Coño, la has tenido que ver, ha entrado en la habitación varias veces.
-No Jack, me refiero a la persona con la que hablaste abajo.
-Mmm, vale. Veamos, era exactamente igual a Eli, salvo por una cosa.
-El color de los ojos, ¿verdad?
-El c... Sí, el color de los ojos.
-¿Cómo eran? ¿Blancos? ¿Rojos?
-Blancos, con el borde del iris en color rojo sangre.
-Un ángel caído.
-¿Qué?
-Que hablaste con un ángel caído. Y si me estas diciendo que era igual que tu amiga, quiere decir que ese ángel esta ligado a ella. ¿Entiendes por donde va la cosa?
-Mas o menos –estaba completamente perdido, pero asentí a lo que me dijo.
-A ver. Tu amiga tiene lo que se dice... un “ente”. Una presencia sobrenatural, y que en este caso es un ángel caído. Lo cual quiere decir que es más que peligroso estar a su lado mucho tiempo.
-No pienso dejar de estar con Eli solo porque tenga un ángel caído como mascota.
-No es una mascota. Y en ese caso sería al revés, ella sería la mascota del caído. Una persona no puede decidir si tiene o no un ente. Sois más como un castigo.
-Como una cárcel... –me quedé pensativo, encajando ahora todas las piezas que no sabía ubicar en el puzzle.
-Exacto, sois como una cárcel.
-Pero... ¿solo un caído puede ser castigado?
-¿A qué te refieres con eso, Jack?
-Que si solo un caído puede ser castigado... ¿Un ángel blanco no puede ser castigado?
-No suele pasar eso... –me miró extrañada, supongo que por la pregunta-. Los únicos ángeles “blancos”, como tú los llamas, que he visto que han sido castigados a vuestro mundo, es porque son considerados traidores, y después de eso van al infierno.
-¿Traidores? ¿Traidores contra qué?
-Traidores a la voluntad de Dios...
-¿Dios existe?
-¿Por qué lo preguntas?
-No se, ahora que supuestamente sé que eres un ángel, ¿quién mejor que tú sabe la respuesta a esa pregunta?
-Pues claro que existe.
-¿Tú le has visto?
-Bueno, no... pero sé que existe. En el cielo hay alguien manteniendo el orden en el mundo, pero muy pocos le han visto en persona.
-Entonces, por esa explicación, no existe. Porque si no lo has visto, y eres un ángel... blanco y en botella es leche.
-Existe, Jack. Puede que no sea como todo el mundo lo pinta: con aspecto de hombre, pelo blanco y barbudo, pero algo de verdad si que tienen: es benevolente, bondadoso, amable y sabe perdonar.
-Ahí discrepo... –la miré algo cabreado-. Me estas diciendo que tu dios perdona, que es bondadoso... entonces, si tiene todos esos adjetivos, ¿por qué se llevó a Amy? ¿Por qué se llevó a la persona que tanto amaba? Ella no había hecho nada malo. Y no solo a ella... –apreté con fuerza y rabia los puños-, sino a mi hijo. A nuestro bebé, ¿qué puto pecado cometió si todavía no había nacido?
-Los caminos del señor son inescrutables. Si se los llevó, algún motivo tendría.
-Sí, ¿pero cual? ¿Por qué cojones mata a alguien que no ha hecho más que salir de mi huevo izquierdo?
-Jack, yo...
-¿Tú qué? ¿Me vas a dar el pésame? 
-Jack, por favor. Ya te he dicho que sus motivos tendrá.
-¿Y por eso tampoco deja que me reúna con ella?
-No te puedes reunir con ella si te suicidas. Si lo haces irás al infierno y no la volverás a ver.
-Entonces me confirmas que se la llevó el hijo puta de arriba, ¿te das cuenta? Te contradices tu sola.
-Jack, tranquilo.
-Mira, Angie. No creo en los ángeles, no creo en dios y no creo en nada, ¿estamos? Toda esta mierda me esta empezando a cansar.  No aguanto más toda esta mierda. Así que déjate de ángeles, de monjas y de todas esas mierdas. Lo mío fue un puto sueño, tú eres una lunática creyente y esta conversación ha terminado –me terminé de cabrear. Lo que empezó siendo una conversación algo rara ha terminado por ser un debate entre lo que es bueno y lo que es malo-. Si dios fuese bueno y justo no me habría dejado solo, no se habría llevado a Amy. Me hubiera gustado poder coger en brazos a mi hijo, pero no. Él ya tenía un plan para ellos dos. Ahora nunca podré saber lo que se siente al tener un bebé en brazos.
-Claro que puedes. La vida sigue, y como dicen algunos, hay más peces en el mar. Tienes que intentar superarlo. Se lo que se siente cuando pierdes a un ser querido.
-¿Tú? ¿Qué vas a saber tú lo que es perder a alguien? –me estaba empezando a desquiciar-. Vamos a acabar con esto, ¿sí? He intentado seguirte el juego, pero con eso me has tocado la fibra sensible. Si tú bien dices que los ángeles blancos, o como coño quiera que se llamen, no pueden ser castigados al nuestro mundo, ¿como es qué estas tú aquí?  ¿Tú y tu amigo Gabriel sois traidores?
-No Jack, Gabriel esta aquí porque es el mensajero de Dios en la tierra, el trae las buenas nuevas a los hombres. Y yo no soy más que una ayudante. No estamos castigados ni nada por el estilo.
-Bien. Pues si eso es cierto, enséñame tus alas. Ahora si que quiero verlas.
-De acuerdo.
               
                Acto seguido, dio un par de pasos hacia detrás y miró por la ventana de la puerta, asegurándose de que no había nadie asomado en ella. Y cuando por fin se dispuso a sacarlas, una inesperada visita apareció como un suspiro en la habitación.

-¿Qué es lo que tenías pensado hacer, Angie? ¿No irías a mostrarle las alas a este simple mortal, verdad?
-¡Ah! ¡Gabriel! Valla susto me has dado –dijo la joven volteándose hacia el rubio- ¿Qué haces tú por aquí?
-Asegurarme de que no haces ninguna estupidez, monada –sonrió acariciándole la mejilla dulcemente a la joven-. ¿De verdad que ibas a mostrarle tus alas? –me miró con una sonrisa falsa de oreja a oreja.
-¿A qué coño vienes tu ahora, rubiales? Ya tengo suficientes tocapelotas con los médicos –le miré desafiante a los ojos.
-Bueno, llevo un rato escuchando vuestra conversación y me ha resultado bastante interesante. No todos los días uno hace un viaje astral. Pero cuéntame, ¿qué tal la experiencia? ¿Qué se siente al estar rodeado de traidores?
-¡No me toques los huevos! –dije con un tono de histeria-. ¡Y no te permito que hables así de Elízabeth! ¡Maldito tocapelotas!

                Sentí unas ganas tremendas de lanzarme contra su cuello y estrangularlo hasta que le saltasen los ojos de las órbitas. No se por qué, pero sentí como si algo me invadiese el cuerpo, como si la vocecita de mi cabeza me estuviese diciendo: ¡Mátalo! ¡Mátalo!  Le observé con una mirada fulminante y, pude ver como retrocedió un par de pasos, mirándome de arriba abajo con algo de desconcierto y desagrado. Angie también retrocedió un par de pasos mirándome con miedo. Ambos se miraron mutuamente y luego volvieron a clavar sus miradas en mí. No entendí aquella reacción.

-Eres uno de ellos... –dijo Angie pálida, y medio tartamudeando.
-¿Uno de qué?
-Lo sabía, sabía que este chico tenía algo –replicó el otro.
-¿Se puede saber de que estáis hablando?
-Tienes un aura negra y rojiza, maligna... Es pura energía negativa, y eso solo puede significar una cosa...
-No me irás a decir ahora que soy un caído o algo por el estilo, ¿no? Porque ya sería la hostia.
-Pues sí, pequeño. Eso o tienes algo maligno que te rodea –dijo Gabriel convencido-. Dime una cosa, cuando hiciste el viaje, ¿te topaste con alguien que te mirase de una forma fuera de lo común?
-No tengo por qué decirte nada, capullo.
-Jack, por favor. Cuéntanoslo –dijo Angie con un tono suplicante.
-Pues sí. Todos los que vi me miraban muy raro. Y sobretodo mi amiga. Bueno, el caído de mi amiga.
-Seguramente te habrá dicho algo que no te terminaba de encajar, ¿no es cierto?
-Me miró primero con algo de miedo –continué, interrumpiendo al rubio-. Lo que me pareció mas extraño es que después de unos segundos de estar hablando con ella, su expresión cambió. Era como si se hubiese despreocupado.
-Dime solo una cosa, Jack. ¿Tú tienes algún pseudónimo? ¿Algún mote o algo por el que siempre te hayan llamado? –preguntó Gabriel con bastante interés.
-¿Eso que importa ahora?
-Porque puede que tengas algo y ni te hallas enterado.

                Me quedé pensativo ante la pregunta. Toda esta conversación ha empezado con lo que para mi era una estupidez, pero ahora que había recibido toda esta información, me estaba empezado a desconcertar todo ese tema. Todo lo que me contaban encajaba con todo lo que vi en el sueño, o en el “viaje”. Bien es cierto que todo lo que me ha sucedido es de locos, y si se lo contase a alguien me tomaría por un zumbado, pero si se mira desde otro punto de vista, todo resultaba interesante. Si realmente existían los ángeles sería un gran descubrimiento. Lo malo es que no se podría ir diciendo por ahí, ya que entonces si que podrían internar a alguien en un psiquiátrico. Todo aquello de los viajes astrales, castigos divinos de los ángeles en la tierra y la traición de los mismos, era algo con lo que  nunca creí que llegase a tropezarme en la vida. De pequeño me apasionaba bastante la narrativa fantástica, sobretodo los temas esotéricos. Todo lo relacionado con criaturas y fenómenos paranormales siempre me había entusiasmado. Y aunque con el paso del tiempo me halla ido dando cuenta de que todo aquello que me apasionaba y en lo que creía, no existía, que era una utopía que jamás podría hacerse realidad. Ahora, todo eso se me ha venido abajo. Uniendo todos los cabos sueltos que tenía todo encajaba. Si ya de por sí, el que sobreviviese al accidente me parecía algo bastante fuera de lo común, y luego eso de que mis huesos se regeneren mas rápido de lo habitual era algo inexplicable, la conversación que estaba teniendo lugar en aquella habitación era lo mas raro e inimaginable que se pueda imaginar. Después de tener un mal sueño, que al final resultaba ser un viaje astral, me venía mi compañera de habitación diciendo que era un ángel, y contándome toda la historia, y que su rubio amigo viniese confirmándola pues, ya me terminaba de desencajar. Intenté tomármelo a broma, ya que era lo que parecía, una broma pesada, pero aquellas palabras eran tan convincentes que ya había desaparecido esa sensación de engaño. Y como yo soy de esas personas que en cuanto le muestras un argumento con una buena base con la que se defiende dicho argumento, termino por creérmelo. Es decir, que es como acusar a alguien de asesinato teniendo sus huellas dactilares, el arma del delito y fotografías para usarlas en su contra. Si todo estaba servido en bandeja de oro, ¿para qué darle mas vueltas?  A medida que avanzaba la conversación, me iba creyendo más eso de que realmente había hecho un viaje astral, que realmente mi alma había salido a darse un paseo por el infierno. Lo que no me terminaba de creer era que Elízabeth tuviese a un caído en su interior, aunque las pruebas eras mas que claras. Y Angie seguía diciendo que era un ángel, aunque todavía no me halla mostrado sus alas, que por lo que llegó a decir Gabriel: “¿No irías a mostrarle las alas a este simple mortal, verdad?” daba que pensar. ¿Realmente era un ángel? Y ¿por qué no podía enseñarme sus alas?

-Me llaman Shílveorth... –respondí con seguridad a la pregunta del rubio-. Llevo mucho tiempo usando ese nombre, y no recuerdo donde ni como adquirí ese nombre. Simplemente un día empecé a decir que ese era mi mote.
-Entonces tú... no estás muerto... –retrocedió tanto, que terminó tropezando con la silla que estaba al otro lado de la habitación, junto a la ventana, sentándose en ella-. Es imposible que sigas vivo... –estaba tan pálido, que si le iluminabas con una linterna reflejaba la luz.
-Eres la segunda persona que me dice eso. Y quiero enterarme ya de una puta vez el por qué les parece raro que siga vivo.
-Digamos... que ese nombre perteneció... –tragó saliva-, pertenece a alguien que fue de los primeros en caer junto a Lucifer al infierno. Shílveorth... el único caído capaz de vencer a Lucifer... el único que ha estado apunto de hacerle un corte a Dios... –cada vez hablaba con mas miedo, tartamudeaba mas con cada palabra que decía. Realmente estaba acojonado-. Le dimos por muerto en la última gran batalla de los tiempos... Se llevó a un agujero negro a un millar de ángeles, tanto celestiales como caídos... con él. Una vez entró no le vimos salir y le dimos por muerto. Y durante un par de años ha seguido existiendo el equilibrio entre el bien y el mal. Pero... –intentó señalarme, pero el tembleque de la mano era tan fuerte que apenas lo levantó unos segundos-, esta vivo... –dijo ahogando un grito de desesperación.
-¿Me estás diciendo que yo... tengo un ángel caído como ente? –pregunté empezando a temblar yo también.
-No, eso es imposible Gabriel. Además, si fuese Shílveorth “El caído” ya estaríamos muertos, ¿no crees?
-Pero es cuestión de tiempo que lo sea... Como no había caído antes, ¡mírale! ¡Es su viva imagen! El pelo negro, los ojos grises, un cuerpo fornido... Hay que acabar con él antes de que vuelva a ser el otro... –se incorporó en la silla, mirándome con histeria.
-¡¿Se puede saber que cojones estas diciendo?! –aquel comentario hizo que me diese un vuelco el corazón.
-Tengo que matarte antes de que Shílveorth vuelva a materializarse... –se levantó de la silla y sacó, no se de donde, una espada dorada.
-A este moreno no lo vas a catar... –una voy de mujer interrumpió el avance de Gabriel-. Este guapetón seguirá vivo, tal y como seguramente lo habrá planeado Shílveorth... y pienso cumplir sus expectativas.

                A todos nos dejó desconcertados aquella voz. Miré en todas direcciones y no vi a nadie. Todo se quedó en silencio unos segundos y tras esta breve pausa, se volvió a oír aquella voz.

-¡Muéstrate! –exigió Gabriel-. ¡Da la cara!

                Y en ese momento apareció una persona en medio de todos nosotros. No pude evitar el inspeccionarla. Botas NewRock, pantalón de cuero ajustado, que por cierto le hacía un buen trasero, un chaleco negro y el pelo liso y rojo.

-¿Elízabeth? –pregunté apresurado y con ganas de que me diese una respuesta positiva.
-No, no soy tu amiguita –se giró hacia mí, mirándome directamente a los ojos y dedicándome una sonrisa pícara-. Vete aprendiéndote mi nombre, guapo. Me llamo Karily, y como bien te ha contado el capullo este –dijo con un tono dulce y cariñoso señalando a Gabriel-, soy un ángel caído. Bueno, para ser más exacto, un arcángel caído –hizo una leve reverencia a modo de presentación.
-Yo tenía entendido que los caídos... no tenías rango...
-Sí, bueno. No te creas todo lo que dicen los libros que lees. Por lo general suelen estar escritos por gente que no tiene ni puta idea del tema. Olvídate de todas esas historias de los rangos militares en el infierno, porque no son más que pura mierda. No hay oficiales, ni generales, ni mierdas de esas... ¿Sabes lo que es un arcángel? –me miró sonriente mientras me preguntaba.
-Sí, un arcángel es aquel que tiene cuatro alas, ¿no?
-Correcto. Pues eso soy yo –se auto señaló-. Y ahora si me disculpas... –me guiño el ojo y se volvió hacia Gabriel, otra vez-. Bien, vamos a terminar con esto de una vez por todas, rubiales.
-No, esto no va a terminar... aquí el único que va a terminar es él –Gabriel me señaló amenazándome.
-No, Gabriel. Hoy no te saldrás con la tuya. Este chico esta bajo nuestra protección a partir de hoy.
-¿Bajo vuestra protección? ¿Necesitáis a más de uno para proteger a un simple mortal?
-No es que necesitemos a más de uno, es que queremos asegurarnos su regreso. ¿Y quienes mejor que Ankaroth y yo para ese trabajo? –veía como reía mientras hablaba y se acercaba lentamente hacia mi cama, caminando hacia atrás-. Además, no solo nosotros estamos interesados en que siga vivo. Se de alguien que le tiene muchas ganas, pero no en el sentido de ganas de matar, sino en el sentido mas pervertido de la palabra –me miró momentáneamente, lanzándome un beso.
-Esto no quedará así, me llevaré su alma tarde o temprano. No pienso dejar que ese tío regrese y vuelva a traer el caos y la destrucción.
-Pero si en el fondo lo deseas más que nadie, Gabriel. ¿No añoras los tiempos de guerra? ¿No echas de menos el llenarte las manos de sangre del enemigo? –soltó una carcajada-. Venga, no te mientas a ti mismo.
-¡Volveré, y la próxima vez no te saldrás con la tuya, traidora!

                Gabriel desapareció en un visto y no visto, dejando en el lugar en el que estaba una pluma blanca. Tras contemplarla unos segundos me percato de que mi nueva “protectora”, se dirige hacia Angie, sacando un pequeño machete de su bota.

-¡No! ¡A ella no la toques! –le grité desde mi cama.
-¿Qué acabas de decir, Jack? –giró la cabeza lentamente, clavando sus ojos en los míos.
-Que ella no tiene nada que ver en todo esto –la pequeña rubia estaba paralizada, se veía el miedo en sus ojos-. Déjala en paz –cambié mi voz a un tono amenazador.
-Bueno... –rió levemente y retrocedió algunos pasos-. No suelo tener piedad con los blanquitos pero, por esta vez te haré  caso. Pero que sepas que la mataré tarde o temprano –jugaba con la punta del machete cerca del cuello de Angie.
-Si la tocas, me suicido. Y si lo hago, entonces ese tío no podrá volver –tenía tanto miedo en el cuerpo que ni yo me creía lo que estaba haciendo.
-Tranquilo –guardó el machete de nuevo en su bota-. Ya está, ¿sí? Dejémonos ya de gilipolleces –respiró hondo y se sentó en mi cama, tomándome de la mano-. Más te vale cuidarte, por qué si noto que algo va mal, acabaré con tu amiguita pelirroja y luego iré a por la rubia, ¿estamos? –me quedé completamente paralizado y sin habla, sintiendo un gran escalofrío por todo el cuerpo-. Tienes actitud y los huevos bien  puestos. Te pareces mucho a él –me acarició la mejilla con sus dedos-. Espero que vuelvas pronto, Shil. Te echamos de menos... Y yo, te necesito a mi lado, echo de menos tu cuerpo embistiendo el mio en una noche de pasión desenfrenada –se mordió levemente el labio inferior y se acercó a mi, quedándose a escasos centímetros de mi cara-. Nos veremos muy pronto, Jack. Ten por seguro que volveré

                Tras susurrarme estas últimas palabras sobre mis labios, me volvió a besar. Pero esta vez si fue un beso de los buenos. Duró un par de segundos y, como ocurrió con el anterior, en cuanto abrí los ojos ya no estaba. Estaba yo solo sentado en la cama, sudando la gota gorda. ¿Me ha vuelto a pasar? ¿Por qué no reaccioné ante el beso? ¿Será que mi mente esta intentando sacarme a Amy de la cabeza? Pero no, aún no podía olvidarla. Aunque desde que volví a ver a Eli, he estado empezando a sentir algo raro. Digamos que mis ojos ya no la están mirando como una amiga. Me quedé bastante pensativo cuando me ofreció el irme a vivir con ella, después de haber estado tanto tiempo sin vernos. Me tenía cariño después de tanto tiempo, a pesar de la distancia. Que no digo que yo le halla perdido el cariño, pero no es lo mismo el estarnos viendo todos los días a no vernos en un par de años. Pero no sé. Ahora mismo tengo la cabeza echa un lío. Había recibido demasiada información en un periodo corto de tiempo, y tenía que asimilarla. Volví a mirar hacia Angie, quien misteriosamente estaba tumbada en la cama, digamos que durmiendo. La llame varias veces, pero o bien me ignoraba, o bien estaba durmiendo.

-Todo esto es muy extraño. ¿Realmente me estaré convirtiendo en ese tal Shílveorth? Sé que llevo tiempo usando ese nombre pero, ¿es con ese fin? ¿Me estaba utilizando para su propio beneficio? ¿Y después que pasará conmigo? ¿Qué será de mí? Y en cuanto a Eli... –me quedé pensando unos segundos- No, no creo que ella sienta eso por mí. Aunque quien sabe, a lo mejor realmente si que siente algo por mí...

                Demasiadas preguntas con unas respuestas que asustaban más que Karily con el machete en la mano. No se si era un sueño, una pesadilla o la cruda realidad, pero fuera lo que fuera, me daba miedo descubrirlo. Aunque ahora sentía la necesidad de indagar más en el tema, conseguir más información sobre Gabriel y sus amiguitos. Me esperaba unas últimas semanas en el hospital muy intensas. Teniendo en cuenta que me habían amenazado de muerte la misma noche en la que me di una vuelta por el infierno, me confiesan que los ángeles existen, y que un caído estaba usándome para volver a la vida, me tenía que preparar para todo lo que se me echase encima. Estaba dispuesto a llegar hasta el final de todo. Jack Stevenson no se rinde tan fácil. 

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